Porque una librería es un espacio vivo, un lugar de encuentros, de charlas imprevistas e imprevisibles.

Porque las charlas conviven con  el silencio del que hojea y lee, un párrafo, un verso, una estrofa, un relato, mientras entre líneas, resuenan las voces que dan vida a aquellas páginas ahora apretadas en las estanterías.

Porque un día, una tarde de noviembre, marzo, enero o abril, se propicia un encuentro y los silencios se convierten en poesías recitadas, en lecturas vibrantes, compartidas de forma entrañable  entre amigos que leen y escriben, que escuchan.

Porque la tertulia aflora espontánea, y hay risas y emociones, silencios expectantes y aplausos.

Porque la librería vibra y, por eso, vive.